Viajar es renovar ilusiones

Viajar

Viajar es descubrir nuevos lugares pero también cambiar de perspectiva, encontrarte nuevas sensaciones y renovar ilusiones. La parte objetiva de un viaje la puedes encontrar en un click a través de la red pero las sensaciones que te llevas en la retina y en tu cámara de fotos son la parte inesperada con la que una experiencia fuera de tu entorno diario te puede llegar a sorprender.

Los viajes son uno de mis mejores alicientes y sean cerca, lejos, duraderos o cortos siempre me llenan de inspiración. Aunque ya haya visitado mi destino alguna vez, siempre hay algo nuevo que aprendo, que disfruto de otra manera o que me puedo llevar en formato recuerdo.

No necesito irme a lugares exóticos, ni grandes urbes para que mis musas se regeneren. Soy fácilmente impresionable y en destinos así, todo lo nuevo que descubro es una fuente enriquecedora de experiencias que me abren la mente y me dan visiones diferentes. Pero también en lugares que a priori pueden parecer menos espectaculares, termino encontrando algún rincón que lo convierte en un destino especial o con encanto.

Luego llega el trabajo de pico y pala para, a partir de esos puntos inspiradores, cavar hasta encontrar el resultado brillante que resuelva el proyecto en el que estoy trabajando o que me ayude a generar un nuevo servicio o a proponer una nueva colaboración.

Mantenerme despierta, querer aprovechar cada minuto de mi tiempo fuera de mi entorno habitual y profundizar en los pequeños detalles para vivir nuevas experiencias me devuelve emociones, objetos y vivencias que guardo con mucho cuidado y cariño para sacarles el rendimiento emprendedor que hace mi trabajo mucho más reconfortante.

Unas veces esos recuerdos se generan con cuentagotas y son fáciles de almacenar y otras llegan casi de forma torrencial y me resulta más difícil abarcarlas todas, pero mis sentimientos me ayudan a clasificarlas y de manera natural permanecen, no las mejores sino quizás las más interesantes, curiosas o simplemente diferentes.

Mi labor es darles un uso inmediato que me desatasque de algún proceso de creación en el que no encuentro la solución que me convenza o, por el contrario, reservarlos hasta que surja la oportunidad o me vea en la necesidad de tirar de mi almacén de inspiración para sacar adelante nuevas propuestas.

Cuando planifico un viaje, me gusta programar aquellos lugares o experiencias que no me quiero perder, pero también me apetece dejar espacio a la improvisación que me lleve a encontrarme con situaciones y espacios inesperados. Tanto en un caso como en otro pueden ocurrir cosas maravillosas o jornadas que no me gustaría repetir y por supuesto no cada día es fuente de momentos y vivencias memorables, pero de cada viaje hay algo constructivo a lo que en algún momento podré sacar provecho. Yo me lo traigo de vuelta y si no lo uso de inmediato, lo añado a mi reserva. Si no me resulta útil para mi mundo emprendedor me habrá aportado a mi parte más personal y me habrá hecho más rica por dentro.

Así que después de un viaje, cuando regreso a casa traigo siempre algo nuevo en la maleta, algo que no me ha costado nada y que sin embargo tiene un enorme valor. Una costumbre super enriquecedora que no tengo ninguna intención de perder. Así que ya cuento los días para cuando vuelva a suceder.

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