Packaging de sensaciones

Packaging de sensaciones

Me encanta la palabra packaging. No por su pronunciación, que hasta me parece graciosa, sino porque me trae buenas vibraciones. Supongo que será una cuestión cultural, pero así como empaquetado se me queda un poco plano, packaging me evoca creatividad y belleza.

Desde que hablamos de packaging parece que todo lo que gira alrededor de envolver un paquete ha tomado más importancia. Ahora, en general, ponemos más detalle en todo lo que rodea a un objeto, intentando aportar valor en todo momento.

Las grandes marcas destinan enormes presupuestos al diseño de las cajas, bolsas y paquetes de los productos que fabrican, con la intención de diferenciarse y de envolver de detalle el producto en sí facilitando su apertura, su conservación o personalizando un envase común.

Pero lo que a mí me parece mucho más admirable, es cómo las pequeñas marcas, con menores recursos, exprimen su creatividad para diseñar belleza exterior. Lo que tiene mérito es construir la idea del detalle, seleccionar los materiales y hacerlo realidad muchas veces incluso artesanalmente pensando siempre en el cliente, no tanto desde la intención sino desde la experiencia de compra.

El concepto de experiencia asociado a compra está totalmente desvirtualizado, pero pensar en tu cliente ideal y buscar la manera de impactarle materializando una idea que se traduce en sensaciones es una bonita manera de crear conexión a la vez que sigues trabajando tu marca.

Yo creo que lo que se hace con el corazón y con generosidad siempre sale bien. Si diseñas un packaging con una intención generosa que te conduce a pensar en tus clientes – en sus gustos e ilusiones – y además le das la forma que a ti te haga vibrar, das pie a buenas sensaciones que impactan positivamente en las personas que reciben tu paquete.

¿Y de qué sensaciones estoy hablando? De la impresión que provoca en los sentidos de la otra persona lo que tú estás poniendo en sus manos. El espectro es muy grande. Tienes 5 amplios caminos para crear deleite, alegría o la emoción que te propongas. Sólo tienes que centrarte en olfato, tacto, oído, vista o gusto para impactar.

 

A veces, cuando estás ideando un packaging, puedes tener muy buenas intenciones pero se te hace un poco un mundo cuando lo quieres llevar a la realidad. Te cuento lo que yo hago por si te puede ayudar.

 

  • Pienso bien la sensación que quiero transmitir. Si tengo claro cuál es la emoción que me apetece provocar, lo puedo planificar y realizar con mucha más facilidad.

Intento empatizar con la persona que va a recibir mi paquete. Me meto en su cuerpo y su mente para averiguar qué es lo que de verdad le puede impactar.

 

  • Pongo delante de mí el abanico de los sentidos y elijo uno o dos para centrarme en esos. Si intento abarcar más me resulta un poco caótico y se desvirtua la esencia central. Especialmente si no estás familiarizado con el packaging creativo es mejor empezar de menos a más.

 

  • Creo un Mood Board.

 

Confeccionar un Mood Board es un proceso super bonito con el que te puedes enriquecer y del que surgen grandes ideas para comunicar tu marca. No pienses que tienes falta de creatividad. Si te planteas poner detalle en un empaquetado, comprueba lo mágico que es cómo surgen auténticas emociones de un panel inspirador.

Hay diferentes técnicas para esto. A mí me gusta hacerlo de una manera sencilla, pero me he dado cuenta de que lo más importante para que el resultado sea genial es que el rato que me programe para crearlo pueda estar centrada 100%. Yo cuando me pongo a crear un Mood Board desconecto del mundo online, me pongo música inspiradora y me preparo una infusión.

Despejo mi mesa de trabajo porque necesito mucho espacio. Pongo como base de fondo una cartulina grande blanca. La fijo a mi panel de madera de la pared porque en posición vertical me da mucha más visión de conjunto.

Escribo en el centro de la cartulina la sensación que he pensado al comenzar. La que quiero transmitir con mi packaging. Con letra grande y con un rotulador negro para que se vea bien claro lo planto en mitad. Debajo escribo de la misma forma el/los sentidos con los que voy a jugar.

Ahora llega el momento divertido. Empiezo a elegir mi material inspirador. Como mi intención es llamar a unos sentidos y emociones concretos busco con mucha claridad. Fotos en revistas, una frase que me llamó la atención alguna vez, cositas entre mi material de papelería, telas, papeles bonitos, cintas, cordones,… Pienso en la cocina donde puedo evocar un sabor o un olor, miro entre mis listas de música favorita o entre mi ropa donde puede haber alguna prenda que me transmita algo especial, … Es un ejercicio centrado en el mundo real. Salgo de la búsqueda en Google, en Pinterest o Instagram y lo cierto es que encuentro siempre cosas inesperadas que tienen mucho que contar.

A esta parte trato de dedicarle una media hora. No sé si te ocurre igual, pero yo cuando empiezo con alguna actividad creativa offline se me hacen los minutos cortísimos y soy capaz de pasarme horas. Pero he comprobado que lo mejor es aprovechar los primeros 30 minutos de inspiración total para recoger el material porque así se hace más intenso y no se desvirtúa lo que en realidad quiero comunicar.

Entonces recojo todo lo que he ido seleccionando y lo presento sobre mi Mood Board. Me paro delante del panel de inspiración y encuentro la razón por la que he seleccionado cada elemento. Si no existe ninguna es que eso en concreto no tiene que estar ahí y lo descarto.

Fijo con pegamento o con alfileres cada uno de los materiales con los que finalmente me quiero quedar y creo una bonita composición.

Procuro dejar mi Mood Board “en reposo” durante unas horas o incluso un día entero. Cuando vuelvo a mirarlo espero que me transmita las buenas vibraciones que dejé antes, pero si no, si descubro que algún elemento no me convence, prefiero cambiarlo por otro o eliminarlo definitivamente.

Cuando consigo el panel de inspiración que adoro, soy feliz pensando que todas las ideas para mi packaging están concentradas ahí. Ahora sólo me falta materializarlas para mi paquete. Busco dónde o a quién comprar todo lo que necesito y me pongo manos a la obra para llevar mi idea a la realidad.

 

Visualizar un proyecto de esta forma me da mucha vida creativa y me sirve para compartirlo de un vistazo si lo quiero consultar con alguien más.

Te invito a que vivas la experiencia de crear un packaging de sensaciones porque lo que tú das con cariño normalmente te vuelve con la misma intención. Ya lo verás.

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