La ley del espejo

La ley del espejo

Aunque no hayas hecho autoanálisis, tú eres la persona que mejor te conoce. Sabes lo que te lleva a llorar, lo que te arranca una sonrisa, lo que te hace morir de amor y lo que te pone del nervio.

Nadie como tú conoce sus propias manías, aunque a veces no las entiendas. No hay persona que mejor que tú identifique lo que te avergüenza o lo que quieres gritar a los cuatro vientos cuando la euforia te obliga.

Si sabes identificarte a ti mismo desde los cinco sentidos, ya tienes creada tu marca. Porque tu huella, esa que quieres hacer inolvidable para tu público, ya es extraordinaria. Tu marca deja de ser una más desde el momento en que empieza a ser la extensión de ti y tu manera de VIVIR con mayúsculas. La forma en que disfrutas y sufres los momentos de cada día con la subjetividad que te traen tus sentidos y las emociones que te causan.

Si eres honesto, construir una marca plana es casi más difícil que ser una con personalidad. Sólo es cuestión de aplicar tu verdad en cada cosa que haces y la forma de tu huella va adaptando tu estado, según tu momento vital. Sólo es cuestión de ser natural, sentirte cómodo y dejarte llevar por ti mismo.

Hace poco, Claudia de The Braveliving, me hablaba de la ley del espejo, que dice que “lo que vemos en los demás lo reconocemos porque también lo tenemos y por eso discriminamos respecto a otras cosas”.

Si proyectas quién eres con pureza a través de tu marca, las personas que vean en ti eso que reconocen como suyo te seguirán en lo que hagas. Los humanos somos un 80% emocionales y un 20% racionales. El poder de los sentimientos y las emociones nos guían siempre por delante de los pensamientos lógicos. Entonces, lo bonito es que si te muestras verdadero y conectas con tu público crearás una unión real y de corazón.

Todo lo que fluirá de ese enganche emocional es positivo. Es una clara relación “win-win” en la que las dos partes salís reforzadas. Tú te sentirás feliz de ayudar a quien acudió a ti, con la mejor versión de tu proyecto, solucionándole una compra o aportándole un buen servicio. Él/ella sentirá la satisfacción de estar en las mejores manos, que percibe como las más cercanas en ese momento.

Dejar que tu marca se impregne de ti es darle el valor de la diferencia. No es una cuestión de competitividad. Es una cuestión de supervivencia desde tu esencia.

Sólo te abro los ojos, frente a una realidad que conocí a partir de Charles Bukowski, “si no te sale ardiendo de los más profundo de ti, a pesar de todo, no lo hagas”. Para mostrarte al público tal como eres y de verdad, debes estar preparado. No busques el momento perfecto porque nunca lo será, pero toma el paso sólo cuando estés convencido de ello. Tranquilo, paciencia, el instante llegará y cuando lo haga, tu verdadera marca saldrá con fuerza y te sentirás mucho más libre. ¡Ya lo verás!

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