Conectar con la belleza exterior

Conectar con la belleza exterior

Las personas más profundas y sensibles abogan por la búsqueda de la belleza interior, por dejarnos de prejuicios y suposiciones extraídas de las apariencias y por basarnos en todos los aspectos no visibles de una persona para valorarla.

Por el contrario, los medios no dejan de brearnos con mensajes estéticos sobre la importancia de la belleza exterior, el estilo y el cuidado de todo lo visible para crear una buena impresión. Una ristra de información que no nos deja indiferentes y afecta nuestras creencias y motivaciones por lo que no estarán tan lejos de la verdad.

Tú, ¿dónde te posicionas? Yo soy bastante reticente al mundo de las superficialidades, a las apariencias falsas y al tratar de representar una imagen irreal, la que quizás consideras correcta o aquella con la que sueñas. Pienso que construir castillos volátiles, inseguros y poco verdaderos te dan una alegría hoy pero mañana una gran frustración.

Quizás por un motivo cultural o por mi educación yo soy más de llegar al fondo antes que quedarme con la superficie, sin duda, pero para poder profundizar, me tiene que atraer el exterior. Si no es así, no paso la barrera de entrada. Y estoy segura de que a muchos de vosotros os pasa lo mismo.

Nos gustan las cosas bonitas, sencillas, limpias, cuidadas, con sentido. Le damos importancia a la estética. Supongo que cada uno con un modo de entenderla, porque estética es un concepto con mucho peso y mucho fondo en sí mismo. De hecho la estética está muy ligada a la percepción. La manera de entender y recibir la belleza, ahondando ya en razonamientos y emociones. En sensaciones que valoramos a través de los sentidos.

La cuestión es que somos muy egoístas a la hora de juzgar. Quizás nuestro ritmo vertiginoso, sin tiempo para pensar, o la seguridad de que si no es esto será su alternativa, nos hacen dar un juicio rápido frente a algo que acabamos de conocer. En cuestión de segundos decidimos si seguir profundizando o dejar de lado esa opción.

Sentir la belleza musical, por ejemplo, es encontrar notas bien coordinadas, silencios pensados y cambios de tono agradables. El autor habrá dedicado tiempo y recursos a componer esa belleza subjetiva, porque lo que le trae vibraciones agradables quizás a otro le produce sensaciones más negativas.

Y tanto trabajo tendrá una breve oportunidad para ser juzgado. En los primeros tres segundos de canción habrás tomado una decisión porque si al cuarto no te gusta lo que suena probablemente dejarás de escuchar. Y lo que es más grave, a lo mejor ni si quiera le diste al play porque la foto del cantante no te transmitió belleza ninguna.

Para entrar en el interior de las personas o las cosas hay que conectar con la belleza exterior antes. No queremos darle importancia a la superficie, pero en realidad tiene un enorme peso sobre nuestras decisiones. Es la parte que te impulsará a querer saber más si te atrae de algún modo. Una imagen que te transmite o una frase que te hace sonreir o una señal del tipo de belleza que te seduzca, te empujará a entrar en la tienda sin quedarte en el escaparate, a reservar una mesa sin quedarte en la puerta del restaurante o a abrir la revista sin quedarte en la portada.

Genera algo bueno, un gran producto o servicio, y envuélvelo con la belleza que a tu público le haga conectar. Será un éxito en todos los sentidos. Y si además, al pasar ese filtro de entrada, descubren que hay armonía entre la belleza exterior y la interior, la conexión será brutal.

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