Generosidad emocional

Arantxa-Isidoro-generosidad-emocional

¿Por qué creemos que llorar es un símbolo de debilidad y no tiene cabida en el mundo empresarial? ¿Por qué queremos ocultar lo que no va bien mostrando sólo un mundo de emprendimiento de éxito y triunfo cuando hay una parte de duro trabajo y de cosas que también salen mal y te dan ganas de largarlo todo? ¿Por qué nadie cuenta que esperar a que llegue un primer cliente es un trabajo de paciencia infinita que te puede hacer desesperar? ¿Por qué pretenden llenar el mundo del emprendimiento de rápidas soluciones que si no te funcionan te hacen sentir inútil viendo cómo otros lo han logrado sin pestañear?

Yo también lancé una web llena de buenos propósitos e ilusión y tuve que esperar sentada a que llegara un primer mail. También escribía mis posts y parecía que hablaba con la pared. También hice lanzamientos bien preparados y trabajados que tuvieron una audiencia mínima.

No fue fácil y no lo quiero ocultar. Forma parte de mi historia y me hace sentir orgullosa porque es símbolo de que soy tenaz y lucho por lo que quiero.

No niego que no hubiera aceptado ayuda si hubiera podido conseguirlo con menos esfuerzo, no soy una burra de carga, pero no me arrepiento de nada y sobretodo no me avergüenzo de nada.

Dejé de mirar a mi alrededor y de sentirme pequeña frente a otras personas que aparentemente lo hacían mejor porque me di cuenta de que ellos también tuvieron un pasado que no fue tan rosa como yo imaginé. Y es que cuando llegas a conocer a una marca personal es porque ya ha superado esos meses o años en los que empresarialmente no rodaba todo perfecto y sin parar.

Lo que a mí me mantuvo a flote, y lo sigue haciendo, es mi actitud emocional.

De nada me sirve levantar un muro de piedra para mostrar una fachada fría y correcta cuando yo soy imperfecta, sensible y tengo mucho fondo emocional. Mientras he dejado mis sentimientos aflorar he sentido mucho más empuje que cuando he intentado poner distancia y no mostrar mi personalidad.

En los momentos en los que todo va bien, me siento contenta y tampoco necesito mucho más, pero en aquéllos en los que flaqueo, siempre llega alguien con unas palabras de ánimo, con un mensaje bonito, con una nueva sensación que me impulsa para seguir. Y es que cuando dejas que todo transcurra con naturalidad sin querer ocultar quién eres y dejando que la emoción empape todo lo que haces en positivo o en negativo según tu momento vital, las personas que están a tu alrededor también entran en ese nivel de emoción y lo disfrutan o lo sufren contigo. Se crea un movimiento de generosidad en el que todos aportamos cuando estamos bollantes de emociones positivas y en cambio recibimos cuando nos hace falta porque estamos sumidos en emociones de mayor negatividad.

Y lo digo desde el desconocimiento porque a la mayoría de vosotros no os conozco. No sé realmente quiénes sois, ni he cruzado palabras directas, a pesar de que me encantaría de verdad. Me gustaría poder tomarme un té tranquilamente con una conversación personal, empapándome de quiénes sois y cuál es vuestra historia, a qué aspiráis y qué os preocupa porque de cada persona con la que hablo aprendo siempre algo que me enriquece o me aporta un montón. Pero a pesar de que no haya esa trato directo hay una cercanía que os mueve a escribirme algo en un momento puntual, en lo que ponéis tanto cariño como yo cuando os escribo en mi cita semanal.

Parece que tengamos que manifestar sólo alegría, decisión, esperanza, ilusión, valentía, firmeza o amor ocultando la rabia, el miedo, la tristeza, la herida o la ansiedad cuando también forma parte de nuestro cuadro emocional y de nuestra propia realidad.

Yo me canso de ver mundos ideales a los que de ninguna manera puedo aspirar porque están pensados para otros. Es como la fábula de la belleza. ¿Por qué se supone que una persona debe tener medidas de modelo para sentirse bien? Nos crean idealismos y nos los intentan meter con calzador.

Creo que cada uno debe formularse su propio mundo ideal entendiendo que no está fundamentado por una sonrisa permanente. Para que exista la felicidad es necesaria la tristeza. Para que se dé la valentía, debemos experimentar el miedo y así con cada una de las emociones opuestas. Unas tan válidas y necesarias como otras. Lo importante es no ocultar porque es la manera de mostrar que eres humano y de atraer a quienes también lo son.

La actitud emocional completa deja fluir lo bueno y lo malo y crea un imán de empatía en la que la risa y el llanto se contagian y las palabras de celebración o de ánimo se comparten de una manera especial. Si abres tus emociones a otros recibes un “lo estás haciendo genial” cuando lo necesitas de verdad.

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Comentarios

  1. dice

    Coincido con Isabel, sin respirar y agradeciendo tu fondo emocional que cada vez enriquece más este espacio tuyo! Tus palabras me llegan y me animan a seguir adelante, a pesar de las dudas, los miedos y los días de desilusión y desgana, que también están, por supuesto.

    Y ¿para cuándo ese rico té? 😉
    Un abrazo grande!

    • dice

      Recibes mucho de lo que das Carolina. Me consta que tú también estás en esa dimensión emocional. Por eso sabes aferrarte a lo que te rodea cuando lo necesitas. El té cuando tú quieras. Un abrazo enorme.

    • dice

      Gracias Amaya. Creo que más que valiente es reflejo de una realidad de muchos. El emprendimiento es un estilo de vida que en mi opinión se integra y se disfruta mucho más tanto en la parte profesional como en la personal cuando se vive desde la verdad y la naturalidad compartida. Un abrazo.

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